Llega del monte, perdida, al pueblo la siesta.
Penetrando todo lo que esta a su alcance;
lentamente, hasta en los poros
y poco a poco, logra detener al tiempo.
Quedaron colgados en el cielo barriletes,
pelotas de trapo inmóviles en las calles de tierra,
galerías llenas de luz y pocas sombras,
aromillo, ceibo y menta.
Dormita a sus rayos el sol tirado en el pasto,
junto a cascarones de mandarina y naranjas.
Permanecerá todo tibio, como los zorzales,
hasta que despierte la gente, y herrumbre la tarde.
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